El año es 2023, un muy reducido grupo de personas con
habilidades especiales huye constantemente de poderosas armas financiadas por
el gobierno que han destruido a la mayor parte de la humanidad, en pocos años
dichas armas, los centinelas, exterminaron
a un sin número de mutantes y humanos
creando una de las mayores destrucciones del universo Marvel.
Me refiero por supuesto, al inicio de la última película del
grupo de mutantes dirigido por Charles Xavier: “X-men: Days of future past”, en
la cual se combinan la destrucción total del planeta y la nostalgia del
encuentro entre grandes amigos y entrañables enemigos.
Y es que ¿a quién no le gustan los viajes en el tiempo y las
paradojas físico-temporales que éstos desencadenan? Los productores de Marvel
lo saben y por eso decidieron tomar la idea original de la historieta creada por
Chris Claremont e ilustrada por John Byrne en 1980 y llevarla a la pantalla grande.
La idea es simple, un homicidio desarrollado en los años 80´s (en el comic) a
cargo de un grupo de mutantes conlleva a una serie de eventos desafortunados
que culmina con la destrucción de toda la humanidad a cargo de los centinelas;
por lo tanto, y antes de que lo anterior sea inminente, los hombres X deciden
enviar a un personaje al pasado para combatir a este grupo de mutantes y evitar
el asesinato, cambiando así el rumbo del futuro.
La historia, publicada en los números 141 y 142 de Uncanny
X-men, gira en torno al viaje que realiza la conciencia de Kitty Pride a su
cuerpo joven en 1980 para evitar el acontecimiento catastrófico, mientras en el
año 2013, sus amigos mueren uno a uno a cargo de los centinelas. El desenlace “usando
un cliché: solo el tiempo lo dirá”.
En la película, recientemente estrenada a cargo de los
estudios FOX, el personaje encargado de salvar el futuro/presente no es otro
sino Wolverine (Hugh Jackman). El cual viaja a 1973, 10 años después de los
acontecimientos sucedidos en “X-men: First class” (2011). Para reunir a los
jóvenes Charles Xavier/Profesor X (James McAvoy) y Erik Lensherr/Magneto (Michael
Fassbender) y detener a Raven Darkholme/Mystique (Jennifer Lawrence) del
asesinato a Bolivar Trask (Peter Dinklage) científico que realiza experimentos
con mutantes para perfeccionar su más reciente arma anti-mutante “Los
centinelas”.
Las cosas se complican, el joven Charles ha perdido la fe, Wolverine tiene un pequeño incidente
encontrándose con un futuro enemigo, lo que le hace perder el control, y
Magneto decide que la única manera de librarse del futuro desolador es
eliminando definitivamente a su antigua compañera Mystique.
Dichos nudos en la trama y la constante referencia a
personajes y acontecimientos futuros y pasados tanto reales como propios del
universo Marvel, así como un diseño de efectos especiales y de personajes característicos
de dicha industria, hacen de la presente, una de las mejores historias que se
han narrado en el cine de mutantes y superhéroes.
Sin embargo, y como todas las adaptaciones que se han hecho
de los mutantes en la pantalla grande, tiene grandes problemas que han causado
intrigas al por mayor. Y es que la falta de explicaciones sobre cómo fue que el
Profesor X revive y reúne de nuevo al equipo (nos deberá bastar únicamente la
escena post-créditos de X-men: The last Stand, 2006, en la cual la Dra. Moira
McTaggert aparece, en lo que simula una sala de cirugías, con un paciente
recostado que la llama por su nombre y ella responde sorprendida nombrándolo
Charles), o de cómo fue que Magneto recuperó sus poderes (la única referencia
se muestra en el último minuto de X-men: The last Stand, cuando Erik, sentado
en una banca del parque, logra mover un poco una pieza de ajedrez), generaron
una incertidumbre y constante búsqueda de respuesta que, lamentablemente, nunca
llegó.
El otro gran problema se ha vuelto constante en las películas
de X-men, la poca inclusión y falta capacidad que le dan a mutantes que en las
historietas llegan a desarrollar incluso papeles principales. Es decir, ver a
Bishop (Omar Sy) utilizar su magnífico poder, sólo un par de veces, o a Warpath
(Boo Boo Stewart) sin mostrar el más mínimo poder durante su lucha contra los
centinelas, es realmente deprimente (nos queda únicamente esperar a que los
productores se animen a elaborar un Spin-off de cada uno de los que pasan casi
desapercibidos en la película).
Sin embargo, la ausencia de protagonismo de tales personajes
se ve recompensada con la gloriosa aparición de un mutante sin nombre pero que,
según corren los rumores y secretos a voces, se trata de uno de los hijos de
Magneto, así es… Quicksilver (Evan Peters), quien, desde mi punto de vista
realiza una de las mejores escenas de la pelicula justo después de la fuga de
Magneto de la prisión del Pentágono por el presunto homicidio del presidente (y
mutante) J. F. Kennedy.
Discursos motivacionales, amistades reunidas de nuevo, conflictos
familiares resueltos, destrucción del país norteamericano, y un final
post-créditos sencillamente apocalíptico le dan al público un evento que no se
puede dejar de ver… Disfrútala y comparte tu mirada con nosotros.
Esto es cinefilia.







.jpg)

No hay comentarios:
Publicar un comentario